El castigo es un método poco educativo

El castigo es un método poco educativo
29 comentarios

El castigo forma parte de la educación desde hace mucho tiempo. En la televisión, por ejemplo, está tan normalizado que es habitual ver a los protagonistas de las series de televisión juveniles quedarse sin poder salir durante semanas por hacer tal o cual acción.

La gran mayoría de los adultos de hoy en día los hemos sufrido, a menudo por cosas que habíamos hecho sin querer, a menudo por cosas que ni siquiera habíamos hecho y a menudo por conductas que sí podrían considerarse inadecuadas.

Las razones de los castigos son tan dispares que muchas veces se viven como injustos y, si nos detenemos un poco a pensar en ello, podemos afirmar que los castigos son poco educativos y que pueden provocar consecuencias negativas.

Qué es un castigo

El castigo se podría definir como aquella acción realizada por una persona que provoca aversión o desagrado en otra y que tiene como finalidad eliminar o corregir una conducta o comportamiento molesto o inadecuado.

Los más frecuentes son:

  • El tiempo fuera: prohibir al niño permanecer en el lugar o contexto donde ha exhibido una conducta considerada molesta o inapropiada (enviarlo a dormir, a su habitación, a la silla de pensar,…).
  • La retirada de reforzadores o estímulos positivos: prohibir cosas que le gustan al niño (ver la TV, ir al parque, salir a jugar con los amigos, etc.)
  • El castigo físico: que, como ya hemos hablado a menudo, no tiene nada de educativo.

El castigo es aparentemente eficaz

Es posible que la causa por la que el castigo permanece como herramienta educativa sea su aparente eficacia e inmediatez para controlar o detener el comportamiento inadecuado o quizás simplemente sigue vigente porque fuimos educados así y por lógica natural tendemos a actuar tal y como actuaron con nosotros.

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En cualquier caso castigar a un niño no es la mejor manera de educarlo. Mediante el castigo, pese a que la conducta se extingue de manera puntual, la raíz del problema no se soluciona y son muchos los niños que, pese a haber sido castigados por una conducta, siguen haciéndola cuando pueden o cuando creen no ser vistos.

En otras palabras, los efectos del castigo son momentáneos. El castigo no provoca el desaprendizaje del comportamiento que se desea modificar ni ofrece una alternativa más adecuada y ello hace que la conducta tienda a repetirse.

Efectos secundarios del castigo

Emplear castigos como medida habitual de corrección provoca pérdida de confianza del niño hacia los padres o educadores, daña la autoestima del niño, que llega a desvalorizarse (sobretodo si piensa que no merece el castigo), se produce estrés, tensión y agresividad e incluso provoca el uso de la mentira o el engaño para evitar el castigo.

Muchos niños acaban distanciándose de sus padres y les “castigan” a ellos negándoles la comunicación y generando rabia y necesidad de venganza (no siempre consciente).

Muchos otros acaban perdiendo la espontaneidad y la creatividad (¿la niñez?) y se convierten en niños inseguros, temerosos y dependientes de la persona que lo castiga, pues evitan tomar decisiones que puedan ser erróneas y que puedan originar un nuevo castigo.

La importancia del día a día

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“Empezad la disciplina a temprana edad. Aclarad muy bien las reglas y reforzadlas de inmediato y con consistencia. Reforzad la obediencia con caricias y frases como: ¡Muy bien! ¡Qué bien lo has hecho! Y después de disciplinarlo, dile que le quieres y que lo haces por su propio bien”.

Estos consejos, que muchas personas aplaudirían, compartirían y verían necesarios para criar y educar a los niños, no provienen de un libro de educación para niños, sino de un Manual para entrenar al Doberman Pinscher (probablemente ya desfasado, pues incluso los consejos para educar a los perros pasan en la actualidad por evitar los castigos.

Con esto quiero decir que llevamos demasiados años educando a los niños como si fueran perros, es decir, buscando la obediencia ciega, el “que sepan quien manda”, el “ésta es mi casa y aquí mando yo” y el “que vean que la vida es dura”.

La diferencia es que la naturaleza de los perros es ser serviciales y obedientes, pero la de los niños es ser libres.

Los diferentes estilos de educación

En la educación autoritaria, esa que se dice ahora que deberíamos recuperar los padres, los niños no tienen ningún derecho.

En la educación permisiva, esa en que los padres dejan que sus hijos hagan literalmente “lo que quieran” (que ni siquiera recibiría el nombre de educación, pues no se está educando), el niño tiene todos los derechos.

En una educación más democrática, donde reina la comunicación y el respeto mutuo, los padres y los hijos comparten derechos.

El castigo entraría a formar parte de la llamada educación autoritaria y el objetivo debe ser educar a un hijo para que viva en libertad, pero sin cohartar la libertad de los que le rodean (“vive y deja vivir”).

Educar requiere paciencia y el trabajo de los padres o educadores debe ir encaminado, siempre que sea posible, a mostrar alternativas y elementos que inviten a reflexionar, no sólo sobre el comportamiento considerado inadecuado, sino también sobre las consecuencias que provoca en los demás.

La finalidad, a mi modo de ver, es que los niños sean personas responsables, autocríticas y autónomas pero con valores propios, es decir, siendo su modo de vivir auténtico, originado en sí mismo y no en la obediencia a un ser superior (los padres).

Como decía Piaget, “la autonomía sólo aparece con la reciprocidad, cuando el respeto mutuo es lo bastante fuerte como para hacer que el individuo sienta desde dentro el deseo de tratar a los demás como a él le gustaría que le trataran”. Por ello la lucha debe ir encaminada a crear esa autonomía en los niños.

Para conseguirlo es necesaria la vía del diálogo y la comunicación, el ejemplo continuo de los padres en el día a día y la exigencia apropiada, siempre con amor.

El castigo es “el camino rápido” para atajar un problema y su efecto sobre la conducta es temporal. Difícilmente logra erradicar una conducta negativa de manera duradera y tiende a distanciar a padres e hijos y a humillar a los segundos.

¿Y entonces no se puede castigar?

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Muchas personas defienden el castigo porque consideran que realmente hay actitudes que no se pueden tolerar y, si se repiten de modo insolente, el castigo es la única manera de hacer entender lo que es importante.

En cierto modo tienen razón, pero sólo de manera puntual. Las malas acciones, y sobretodo si las cometen los niños, suelen venir motivadas por un problema más crónico o duradero (se sienten infravalorados, necesitan más afecto, más tiempo con sus seres queridos, se aburren,…).

La travesura sólo es la punta del iceberg y el castigo, como hemos dicho, solo actúa sobre la parte más superficial.

Hay situaciones en que se entiende que es preciso detener una mala acción y hay lugares, como el colegio, en que hay muchos niños para un profesor. En este caso sería aceptable el castigo momentáneo como “medida de salvamento” y nunca como elemento educativo para a posteriori buscar la raíz del problema (aunque hecho de esta manera creo que no podemos llamarlo castigo, sino buscar detener una acción).

Muchos pensaréis que decir que en la escuela tampoco deberían castigar es permitir que los niños hagan lo que quieran. Nada más lejos de la realidad. Lo que trato de mostrar o explicar es que a los niños hay que educarles (sobretodo en casa) para que ellos mismos sean responsables de sus actos y personas autónomas que se respeten a sí mismas y respeten a los demás.

Las cosas caen por su propio peso y los mismos niños, cuando hay diálogo y comunicación, acaban por ver que sus actos tienen consecuencias (buenas o malas), se dan cuenta que la vida realmente no es un camino de rosas y ven que hay momentos en que podrían haber hecho caso a papá o mamá (y momentos en que habría sido mejor no hacerles caso).

Algunos ejemplos

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  • Si un niño pinta la pared con sus rotuladores podemos hacer que entienda que no debería haberlo hecho con un “ahora la pared está sucia porque la has pintado con el rotulador, habrá que limpiarla, si quieres te ayudo”. El hecho de limpiar ya ejerce la función educativa, pues el niño ve que su acto tiene una consecuencia (pared sucia) que debe ser reparada (limpiándola).

  • Si tira deliberadamente cosas al suelo, si desordena (o no ordena), el recogerlas hace la función educativa. En algún momento incluso puede echar en falta algo porque está desordenado. El niño verá así la consecuencia del “no ordenar”.
  • Si rompe sus juguetes porque está enfadado (o juega a romperlos) la consecuencia en sí ya supone un aprendizaje, pues los habrá roto y más tarde se dará cuenta de que no podrá jugar con ellos.
  • Con esto no quiero decir que haya que dejar que los rompa deliberadamente. Podemos detener la acción con un “si cuando te enfadas tratas así a los juguetes los tendré que guardar para que no se rompan” si lo consideramos oportuno.

    Esta frase que parece un castigo o una amenaza es realmente una invitación a la reflexión para que el niño cree su propia regla. Si tira los juguetes serán retirados para que no se rompan, sin embargo, si los trata bien, podrá jugar con ellos tanto cuanto quiera. Él decide en todo momento cuándo puede empezar a tratarlos bien y comprende que las pertenencias propias también deben ser respetadas y que puede haber otras maneras de canalizar un enfado.

    La intención, al fin y al cabo, es tratar que los niños sean felices, que los padres sean felices y que la relación entre padres e hijos sea la mejor posible. Es por ello que hay que tratar de utilizar métodos que no humillen, distancien o sean injustos para los niños (ni para los padres) y castigarles me temo que es no es uno de ellos.

    Más información | Criar y amar, Ser padres sin castigar (libro digital)
    Fotos | Flickr (vauvau), Flickr (lara604), Flickr (zaxl4), Flickr (fazen), Flickr (ria Yoshikawa)
    En Bebés y más | ¿Por qué el castigo no funciona?, La justa medida de un castigo, El castigo físico se encuentra asociado al nivel intelectual de los niños

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      • interesante

        Lamentablemente en esta ocasión no estoy del todo de acuerdo con Armando (es una rara excepción). Y digo que no del todo, porque hay ciertos puntos del artículo que me parecen acertadísimos, sobre todo aquellos en los que se habla de mantener siempre un respeto hacia los niños, o de no coartarles su libertad al educarlos y disciplinarlos y también en cuanto a lo de que los niños deben aprender las consecuencias de sus actos. Aún así, sí me parece que la autoridad de los padres debe estar bien definida, y que los hogares lamentablemente no pueden ser una democracia.

        Y es que aunque apoyo que se permita a los niños participar en las decisiones familiares e incluso que se les permita y más aún, se les aliente a tomar sus propias decisiones cuando sea posible para alimentar sus sentidos de responsabilidad e independencia (recordaréis aquél largo comentario que hice en el artículo sobre la adaptación de los padres a la escolarización de los hijos, también de armando). No creo que tampoco el papel del padre como autoridad del hogar debe estar diluido. Por ejemplo, en un hogar democrático conformado por ambos padres y 3 hijos, al hacer una votación los niños podrían imponer su voluntad sobre la de los padres, en aspectos muy poco convenientes y hasta peligrosos o dañinos para ellos. Los padres siempre deben ser la autoridad dentro del grupo familiar, claro no con esto quiero decir que debamos ser despóticos ni autoritarios, no me vayan a malinterpretar! Cuando digo autoridad me refiero a una guía, pero esto también implica corregir.

        Como ya he dicho anteriormente soy psicóloga, y de hecho orientada hacia la rama psicoanalítica de esta ciencia, pero como creo que los extremos son sinsentidos, el que me incline hacia las teorías psicoanalíticas no significa que las teorías conductistas, que a primera vista parecen oponerse diametralmente a las psicoanalíticas, deben ser descartadas en un 100%. Yo sí creo que sobre todo en la infancia, los niños deben ser reforzados cuando se comportan de la manera adecuada y castigados cuando se comportan mal. Por qué? Precisamente porque cuando se es niño no es tan fácil ver las consecuencias de los actos cometidos. Y los premios y castigos son una manera de hacérselo entender.

        Cualquiera de nosotros puede confirmar que es muy satisfactorio y reconfortante cuando a uno le reconocen y le premian los éxitos, eso no creo que nadie lo refute. Y que cuando a uno le reconocen los logros, le provoca continuar en esa línea de conducta. Al mismo tiempo, cuando nuestras buenas acciones no son reconocidas, a pesar de uno tener la satisfacción interna, como que uno se desanima un poco de continuar comportándose así, si nadie ni siquiera lo nota... No les ha pasado? A que sí! Por otro lado, creo que es muy fácil desviarse del "buen camino" si no se nos castiga por nuestras malas acciones. Por ejemplo en muchos países del 3er mundo donde el sistema de control del tránsito es deficiente (como mi Venezuela natal), la gente comete muchísimas más infracciones de tránsito, pues no temen al castigo (multa).

        Cada vez que comento lo repito y lo diré una vez más: Los límites son la parte más importante de la educación de los niños. Hay que imponerles límites muy claros desde el primer momento, para evitar que crezcan con tendencias psicopáticas (no quiero decir con esto que tampoco se van a convertir en delincuentes, pero ese es el nombre que reciben las conductas que realizan aquellas personas que buscan el beneficio y placer propios egoístamente, sin reparar en los límites sociales)

        Si precisamente como dice el artículo (y cito) "la vida realmente no es un camino de rosas", creo que lo mejor que podemos hacer los padres es castigar las conductas inadecuadas de nuestros hijos, para enseñarles que sus malas acciones tendrán consecuencias desagradables y recompensar sus buenas acciones para alentarlos a continuar por ese camino. Es nuestro deber modelar su conducta para que puedan adaptarse a la sociedad y al mismo tiempo sobrevivir a ella, es decir, a lo dura que es la vida. Claro, los castigos no deben ser jamás violentos ni humillantes, sino formativos.

      • interesante

        La verdad, es que el paralelismo con la circulación, yo no lo veo claro. Existe un código de circulación que estudiamos antes de examinarnos del teórico, luego viene el práctico. Hay unas normas, unas señales de tráfico, unos límites de velocidad... Y además está la conciencia, el civismo, la sensatez y el respeto de cada uno. En muchos casos, esto último es innato, en otras se adquiere con la experiencia. Y también hay "castigos" por las malas conductas, llámalas multas, sanciones o incluso penas de cárcel. Yo también creo que no hay que adelantarles a los niños las presiones de la vida adulta. Pero, volvemos a una frase tuya... "se ha hecho toda la vida y no ha pasado nada". Bueno, en la inmensa mayoría de los casos de familias estándar y emocionalmente normales, no ha pasado nada. Intentemos no ultranalizarlo todo porque acabaremos obsesionados con cada cosa que hagamos con nuestros hijos: le he reñido... tendrá un trauma? le he premiado, se convertirá en un caprichoso??? Reivindico la naturalidad y la sencillez.

      • interesante

        Muy buen artículo, Armando. Lo que sucede a muchos padres, y a mí también y tengo que aprender a controlar, es que en el momento nos sube la temperatura y lo primero que nos sale es "eso no se hace, te vas al cuarto a pensar", un grito o un cachete en el culo. Luego nos sentimos fatal por nosotros y por ellos. Yo procuro luego ir en calma a hablar de lo que ha sucedido. Pero vamos, confieso que es algo en lo que tengo que trabajar yo misma para mejorarlo.

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      • Avatar de lolarovati Respondiendo a Lola Rovati

        es facil lola solo debes trabajarle con mucho cariño y comprencion yo he logrado dominar a indominable esos nene aquienes muchos rechazan por rebelde lo pongo como angeles y es solo con cariño y albanzas a sus buenas obras y tomarles en cuenta los nene siento mucho el rechazo y esto lo hace rebelde.

      • interesante

        annajuanroch, el tema de los castigos en los adultos no lo he sacado yo, sólo respondo a comentarios anteriores en que han ejemplificado con los adultos.

        De todas maneras a mí si me parece acertado. Existe un código de circulación que estudiamos equivaldría a la información que damos a un niño "no quiero que hagas esto porque puede pasar esto otro", luego viene (o no) la violación del código cuando no hacemos caso a las señales o hacemos pirulas, que equivaldría a cuando un niño hace algo que le hemos explicado que no debería hacer (a sabiendas o no, como también nosotros nos podemos equivocar conduciendo) y finalmente la multa, sanción que es el equivalente al castigo en los niños.

        Sobre la frase "se ha hecho toda la vida y no ha pasado nada", yo la utilicé para dos entradas precisamente con la intención contraria: explicar que por que se haya hecho toda la vida no tiene por qué estar bien hecho.

        Sobre el tema de analizar o no las cosas, a mí personalmente me encanta, porque cada cosa que analizo me proporciona nuevos conocimientos sobre la manera de pensar y de actuar de los niños y de las personas en general y me ayuda por consiguiente a conocerme un poco más a mí mismo.

        Existen muchos estudios sobre los castigos realizados por personas que quisieron analizar aquello que se ha hecho siempre. Si no fuera por ellos yo no habría aprendido, supongo, que hay maneras de educar más respetuosas e igualmente eficaces.

        La información existe para el que la quiera recibir, luego cada cual que se "salte los stops" que quiera.

      • interesante

        Estoy de acuerdo con marialuisa_mt, yo también estudíe psicología y aunque nunca fuí fan de lo conductual, sirve en muchos casos cuando no hay madurez suficiente en el niño (de eso hablas mucho Armando, de que un niño debe estar preparado para pasar a la siguiente etapa o fase y aprender a comer solo, a dejar el pañal, a dormir en su habitación, etc...)

        Los castigos son una consecuencia a una conducta no aceptada que sirve de aprendizaje, en lo personal, eso de mandar al niño a su cuarto a "pensar en lo que ha hecho" no lo veo muy práctico ni útil en muchas edades en la que la comprensión no alcanza para en realidad entender la mala conducta que el niño hizo, o también cuando se emplea sin explicar la situación.

        Los castigos funcionan a cualquier edad, incluso en adultos, por eso hay cárceles, multas.... o si lo llevas a un plano menos delictivo, en la interacción de las relaciones adultas "saludables" el castigo también existe, talvéz más sutíl y disfrazado, pero está presente.

        El castigo nos marca límites y nos hace darnos cuenta de la acción mala que hicimos y nos da una consecuencia como aprendizaje.

        La palabra CASTIGO será muy fuerte, por eso asusta, con la amenza de "TE VOY A CASTIGAR" cualquier niño tiembla y puede dejar de hacer la conducta en cuestión.

        Como padres habrá de ver que consecuencias (por no llamarle CASTIGO) se les puede aplicar los niños según su edad, mala conducta hecha, cuidando su autoestima e integridad física.

      • interesante

        Mama de adri el argumento que da para afirmar que el boom de "no los cojas que se acostumbran" o "un cachete a tiempo hace mucho" fue en los 80 y 90 no es valido porque o nacio en los 80 o en los 90, y ademas si siempre lo ha oido pues ahi esta la prueba de q lo habrá oido a mayores y jovenes... Y yo que naci en los 70 tambien lo he oido y si le pregunta a alguien de los 60 tambien, y de los 50 etcetc... Como le digo eso es mas antigo q nuestros abuelos asi que porfavor no hagamos afirmaciones basadas y fundamentadas en nada.

        Y el refuerzo positivo es basico, para niños y adultos, nada de chantaje (creo q no es lo mismo), aumenta la autoestima.

      • Mis experiencias, más con adolescentes, me indican lo contrario también es cierto que lo que yo veo es un resultado de muchísimos factores y achacarlo solo a la falta de castigo es simplificar demasiado. Por otra parte castigar no tiene porque ser vejatorio ni humillador siempre y cuando se haga debidamente, o eso creo. Se ve a padres decir que no pueden castigar a sus hijos, que veas tú pobrecitos, que ya han hablado con ellos y que ya cambiarán, que el niño en casa es muy bueno y que no se creen nada y así podríamos seguir un buen rato.

        Entiendo que no es posible establecer límites claros y que cada persona responde mejor a unos estímulos que a otros, pero esta línea, la del no castigo, muchas veces está muy cerca de no poner límites a determinadas conductas, y no dudo que llevada a la perfección pueda dar buenos resultados, si que dudo que lo haga en todos los casos. Todo esto lo digo desde mi breve experiencia personal y no voy a negar lo que diga alguien más preparado que yo, pero es cierto que muchas veces se han propuesto cambios por parte de las personas que han estudiado algo que han fracasado y ha habido que volver a los principios o al menos a un punto intermedio del camino desde el que poder seguir evolucionando.

      • Marialuisa, es que un psicópata, en la definición que expresas, lo será por muuuuchas causas. Yo creo que es multifactorial. Ahora hay más niños que hacen lo que les da la gana, creo, pero también hay muchos a los que se les marcan sus límites a diario.

        En nuestros tiempos pasaba lo mismo, muchos hacían lo que les daba la gana y muchos otros teníamos los límites muy marcados.

        Algunos vivimos con ello, otros nos rebelamos y otros acabamos siendo psicópatas.

        Estoy de acuerdo en que los niños tienen que tener límites, sin embargo uno de los factores que pueden influir, y mucho, en el carácter futuro del niño es cómo se expliquen esos límites.

        No es lo mismo que un niño aprenda hasta donde puede llegar observando a sus padres actuar y asumiendo que es el modo correcto de hacerlo que recibiendo castigos o cachetes, que le humillan y le hacen sentirse inferior y antepuesto a sus padres (yo digo A y ellos B, luego soy contrario a ellos).

      • Creo que las dos estais diciendo más o menos lo mismo: "los niños tienen que aprender a vivir en sociedad y los padres deben educar a sus hijos, pero aplicando y explicando las normas y los valores con respeto y cariño y no con castigos y humillaciones" (al menos eso creo que extraigo de vuestros últimos comentarios.

        Ernestina, los refuerzos positivos son necesarios en su justa medida. Si nos pasamos podemos provocar que los niños hagan las cosas sólo para conseguir elogios y no porque sientan que las deben hacer así o asá (cuando tenga un ratito hablaré de esto también).

      • Me parece aventurado por parte de mamá-de-adri el afirmar que "Por eso cada vez hay más fracaso escolar, más problemas cunductuales en niños-adolescentes, las cárceles cada vez están más llenas, las incidencias de infracciones de tráfico no disminuyen,... ¿No lo ven?" (porque "si consultas algún caso a un profesional de la Psicología lo primero que hace es "marcar los límites" y utilizar reforzadores"). Yo creo que con el paso del tiempo cada vez se hace menos caso a los psicólogos y cada vez se tiende más a no utilizar esas técnicas y a proponer nuevos métodos de enseñanza y crianza, como el propuesto en este artículo, por ejemplo, así que precisamente se podría deducir que el abandono de esos lineamientos es lo que está causando ese deterioro social...

        En respuesta a tu pregunta, pues no, no lo veo. No veo cómo es que el imponer los límites adecuados desde la infancia pueda conducir al fracaso escolar, problemas conductuales y a la delincuencia, sino todo lo contrario! Los transgresores de todo tipo son llamados de esa forma precisamente porque transgreden límites sociales y legales pre-establecidos para que exista la posibilidad de convivir en comunidad y son transgresores precisamente porque no lograron internalizar dichos límites desde la infancia. Criar niños sin límites es criar psicópatas potenciales. (Insisto en la aclaración de mi comentario anterior: Psicópata no necesariamente es igual a asesino en serie o algo por el estilo, psicópata es aquél que busca la satisfacción inmediata de sus impulsos sin importar los medios que tenga que emplear para alcanzar dicha satisfacción, es decir, seres egoístas que no comprenden que deben respetar los límites, pues sus derechos terminan donde empiezan los de los demás)

      • Cricri, los premios los tocare otro día.

      • Veamos, contesto por partes:

        Marialuisa_mt, estoy de acuerdo con que los niños deben conocer hasta dónde pueden llegar y dónde deben detener sus acciones (lo que se llama límites), creo que lo he comentado al decir que deben ser libres, pero sin afectar a la libertad ajena.

        Al decir estilo de educación democrática no me refiero a votaciones en que la mayoría gana, sino a una crianza en que los niños tienen voz y donde se les escucha y tiene en cuenta en mayor o menor medida. Habrá ocasiones en las que sí se pueden hacer votaciones en igualdad y otras en las que no (no tiene sentido que 3 hijos puedan ganar una votación a sus padres).

        Autoridad paterna sí, autoritarismo no. Hay una frase que dice “corregilla y no enmendalla” que significa que sí debemos corregir a nuestros hijos, por supuesto, pero no enmendarlos, no torcerlos, no doblegarlos…

        Se puede corregir con cariño, con exigencia sana, sin llegar a humillaciones ni a confrontaciones. Es un trabajo durísimo, porque el desgaste es mayor que decir “¡castigado!”, que es tan fácil como decirlo: ¡castigado! (mira, ya lo he dicho otra vez... es facilísimo), pero el beneficio de ese trabajo tan arduo es lograr que los hijos actúen como quisieran que se actuara con ellos y lo más importante, que sientan la necesidad de hacerlo.

        Diana, yo hablo de que los niños tienen que madurar y aprender, pero nunca he dicho que deba ser algo que debamos forzar. Los niños no son gomas elásticas que podamos estirar para conseguir el tamaño que queramos. Ellos crecen a su ritmo y nosotros debemos estar a su lado para permitirles crecer.

        Digamos que somos el palo al que se ata el arbolito para que crezca recto y lustroso. Acompañamos en el camino, pero dejamos que sigan su ritmo.

        ¿El castigo en los adultos funciona? A mí me han multado alguna vez y si bien he estado un tiempo circulando ejemplarmente en muchas ocasiones vuelvo a exceder la velocidad y a aparcar donde no debiera o a hacer una “pirula” porque no hay ningún policía que me vea.

        Me temo que a un adulto ya no hay castigo ni diálogo que le haga actuar correctamente. Si existen las cárceles y las multas es porque es imposible arreglar lo que los padres y la sociedad no supieron hacer.

        Personalmente me sirve mucho más una imagen de un coche destrozado que un guardia haciéndome pagar una multa.

        Cricri, por ahí voy.

        Albertof, yo no tengo experiencia con adolescentes, pero entiendo que debe ser muy complicado trabajar con ellos sobretodo por una cuestión: la mochila que llevan puede pesarles ya demasiado.

        Me explico, mi hijo tiene 3 años y este año ha empezado el colegio. Ya nos han dicho que en clase utilizan la silla de pensar (el castigo del tiempo fuera) y yo ya he expresado que no estoy de acuerdo. Sin embargo veo la actuación de algunos niños de 3 años y me costaría muchísimo reconducir adecuadamente sus conductas (aunque sabe Dios que lo intentaría y confío en que sabría hacerlo, pese a no ser docente).

        Hay muchos niños acostumbrados a los cachetes, a los castigos y a otros elementos “educativos”, a los que el diálogo y explicar las consecuencias de sus actos, prácticamente les resbala. Se han acostumbrado a actuar de esa manera y a llamar la atención de los padres actuando erróneamente para conseguir un ratito de exclusividad adulta.

        Entonces la mochilita de estos niños ya está llena de falta de comprensión, de actuaciones erróneas y conductas inadecuadas en base a relaciones causa-efecto insanas (mis padres no están conmigo tanto como quisiera, si me comporto mal, me hacen caso, causa: me comporto mal, efecto: mis padres acuden a mí). Además muchos padres suelen verbalizar lo "malos" que son sus hijos delante de ellos y claro, un niño que oye lo malo que es, se lo cree y actúa como tal.

        Mi hijo no tiene la necesidad de actuar así, porque tiene a papá y/o a mamá cerca cuando quiere. Es fácil hablar con él y explicarle que algo no se puede hacer porque puede suceder tal o cual cosa o porque a él no le gustaría que se lo hicieran.

        Nunca le he castigado, pero si lo hubiera hecho, es posible que estuviéramos más confrontados, que desconfiara de mí y desconfiara de él (un niño acaba por no atreverse a hacer tal o cual cosa porque acaba por no saber qué es lo que está bien o lo que está mal) y es posible que actuara incluso con más alevosía con la intención de llamar mi atención o provocarme.

        Por eso cuando se habla de un adolescente, es muy difícil reconducir según qué situaciones por la vía del diálogo, porque muchos han perdido la capacidad de empatizar y comprender el sufrimiento ajeno y, si una persona no puede ponerse en la piel de otra, es imposible que pueda actuar con respeto hacia los demás.

      • Ufff, ufff... Interesantisimo post! Però mejor lo leo con mas tiempo (incluidas las 'replicas').

        Saludos!

      • Los refuerzos positivos creo que son positivos (valga la redundancia) cuando se dan después de que el niño/la niña ha hecho lo que tiene que hacer. Después de que recoge todos sus juguetes, le decimos que lo ha hecho muy bien y le damos un caramelo o lo que sea. Yo creo que esa puede ser la manera de evitar el chantaje.

      • Fantástico! En casa tampoco se aplican castigos, es preferible (aunque sea un trabajo más lento) que no haga ciertas cosas porque entienda que no es bueno para ella o porque tiene tal consecuencia a que deje de hacerlas por miedo a lo que le podamos hacer. Solo añadiría que tan peligrosos son los castigos como los "premios", es fundamental que los niños actuen para sentirse realizados y no por lo que vayan a obtener a cambio. Una vez más, Armando, enhorabuena por la entrada :)

      • "Los castigos funcionan a cualquier edad, incluso en adultos, por eso hay cárceles, multas.... " Bueno, eso de que funcionan estaría por ver, la gente no deja de reincidir en lo mismo por lo que fue multado o encarcelado. No se, sigo pensando que es más fructifero tratar de hacer entender al niño porque lo que ha hecho no debería repetirse (aunque el hecho se tenga que repetir varias veces hasta que llegue a comprender) que mandarlo a "pensar", humillarle, chillarle, reprenderle...

      • Un paralelismo muy bueno, Armando!

      • Me ha gustado el artículo. Me siento indentificada; yo también creo que se puede educar a los hijos sin castigos. En mi profesión me he encontrado más casos de niños con "demasiados" castigos y límites, sólos emocionalmente, con temor a unos padres autoritarios que al contrario. Que yo me decline por criar a mi hija con amor y respeto no implica que la consiente en todo o que sea permisiva. Simplemente tengo en cuenta su opinión, sus sentimientos y llegamos a acuerdos. A veces la balanza de las decisiones se inclina más a mis intereses como madre, en ocasiones a la suya como hija pero la mayoría de las veces encontramos el equilibrio. Claro que eso conlleva mucho tiempo y esfuerzo, cosas que los padres de hoy en día no tienen. Por lo que optar a lo sencillo y rápido como son los castigos es bastante ususal.

        Por supuesto, si consultas algún caso a un profesional de la Psicología lo primero que hace es "marcar los límites" y utilizar reforzadores. Por eso cada vez hay más fracaso escolar, más problemas cunductuales en niños-adolescentes, las cárceles cada vez están más llenas, las incidencias de infracciones de tráfico no disminuyen,... ¿No lo ven?

        Lo clásico y lo convencional debe dejar paso a algo más, a algo más humanístico. Quizás así consigamos adultos más responsables.

      • Gracias Armando, me estaba haciendo falta un artículo así para reenfocar una conversación pendiente con la profesora de mi hijo. De nuevo gracias.

      • Claro que deben tener límites. Aquí nadie a cuestionado eso. Y frustaciones, y normas,... De lo que se trata es de acompañarlos de manera respetuosa y cariñosa. De que sepan que tienen unos padres afectuosos que le ayudaron a crecer. En lo que no estamos de acuerdo es en los castigos para lograrlo. Eso no quita para que tengamos un mal día y le de un grito; cuando las cosas están más calmadas le explico que todos cometemos fallos y lo verdaderamente importante es reconocerlos y pedir perdón. Mi hija me imita en todo. A lo que me refiero con que hoy en día existen muchos conflictos con las conductas de los adolescentes, por ejemplo, es que muchos (nacidos en la era de los 80 y 90) han crecido con el boom de "no los cojas que se acostumbran" o "un cachete a tiempo hace mucho". El fracaso escolar lo enfoco por la idea de que los niños se escolarizan cada vez a más temprana edad y llegan cansados en esa edad de las "normas" de los profesores y centros y hastíados de fichas y deberes. Y las normas de tráfico, aquel que sea responsable y consecuente las respetará e interiorizará, no porque le hayan multado ("castigado") rectificará su conducta. De hecho existen muchos reincidentes. Como muchos reincidentes hay entre los delincuentes que han ido a la cárcel. Entonces... ¿sirven los castigos?. Como los extremos son muy peligrosos yo diría que no siempre. En mi caso no he tenido que hacerlo (y eso que en el cole existe el dichoso rincón de pensar).

      • Sobre el fracaso escolar y los problemas de conducta, me olvidaba reseñar, que la falta de modelo familiar y la falta de implicación de los padres en la educación de sus hijos casi que es lo más importante. No todo es culpa del sistema.

      • Mama de adri en que se basa para decir q en los 80 y 90 hay un boom de "no los cojas que se acostumbran" o "un cachete a tiempo hace mucho", eso no es asi, vamos q quien tenga abuelos lo sabra, ellos son los primeros q educaron asi a sus hijos. "no los cojas que se acostumbran" o "un cachete a tiempo hace mucho" es mas antiguo...

        Y respecto a la escuela, sobra el "casi" de "la falta de modelo familiar y la falta de implicación de los padres en la educación de sus hijos casi que es lo más importante". Definitivamente es lo mas importnate, no hechemos la culpa a otros de como son nuestors hijos.

        Coincido con Maria luisa "No veo cómo es que el imponer los límites adecuados desde la infancia pueda conducir al fracaso escolar, problemas conductuales y a la delincuencia, sino todo lo contrario", eso si, calro, limites adecuados y desde el respeto como dice Armando.

      • Vuelvo a decir (parece que no ha quedado claro, y así también lo refleja Armando) que estoy de acuerdo en que los límites adecuados y respetuosos son necesarios. En lo que no estoy de acuerdo es en los CASTIGOS. Existen muchos otras técnicas para educar a nuestros hijos sin necesidad de recurrir a los castigos ("no has recogido los juguetes por lo que no habrá cena") y al reforzamiento positivo que a mi me parece más chantaje que otra cosa ("Bien¡, has recojido los juguetes, ahora sí que cenamos"). Eso hará que el niño siempre sea dependiente de las órdenes y de la aprobación o no del adulto. Si por ejemplo le enseñáramos al niño la manera de ser útil, manisfestáramos nuestras expectativas de su conducta, dieramos opciones y experimentáramos las consecuencias de sus faltas estaríamos actuando con respeto ("vamos a cenar...¿necesito antes que recojas los juguetes?...¿quieres que te ayude o cenas primero?... veo que no los has recojido, tendré que guardarlos en el garaje porque parece que no los necesitas"). Esto por poner un ejemplo.

        Me ha servido de mucha ayuda leer libros como "Educar con inteligencia emocional" ó "Cómo educar con firmeza y cariño".

        Ernestina, me baso para decir eso que soy nacida en esa época, y siempre se ha oído. Es más ahora está más de moda que nunca, ¿o no es lo que proclama un juez de menores muy conocido por aquí?. ¿Y qué es lo que proclama como método infalible un famoso neuropediatra "experto" en sueño infantil que hizo su agosto en esa época?. ¿Y la Comunidad de Madrid no ha presentado un proyecto para dar más autoritarismo a los profesores?.

        Y es cierto que el casi sobra en la frase, estamos de acuerdo.

      • Bueno creo que todos tiene la razón el parte, yo considero que se debe castigar, si en realidad existe un motivo para hacerlo (hay que saber cuando y como), pero ocurre mucho que los padres están ocupados en algo y no puede prestarle la debida atención a lo que están haciendo los niños que le advierten que deje de hacerlo ya que no esta correcto y muchas veces los niños no hacen caso, para no pegarles lo que hacen es castigarlos porque ya perdieron la paciencia. En realidad queda de parte de los padres no perder la calma y saber como educar a los niños, claro instruyéndose y viendo la opinión de las demás personas ya que uno puede pensar que esta realizando algo bien cuando no es así.

      • En el artículo enlazado "los premios y los castigos", sale esta frase:

        "Hay que evitar a toda costa el castigo físico, aunque eso no significa que, cuando son pequeños e intentan hacer algo peligroso o indebido, se le pueda dar un leve cachete a modo de advertencia."

        ¿De verdad estais a favor de un leve cachete a un niño pequeño? Y un 'leve cachete' a una esposa o a un marido sería aceptado? Me resulta extrañísimo q algo asi este en vuestra web!

        :(

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      • Avatar de naira27 Respondiendo a naira27

        No Mireia, por Dios... claro que no estamos a favor... Cuando escribimos las entradas, al final enlazamos a mensajes similares que se hayan publicado ya, por si alguien quiere leer más cosas.

        La de premios y castigos fue escrita en 2005 por una editora que ya no está desde hace casi 3 años.

        Estoy tan poco de acuerdo que ya he borrado el enlace (gracias por avisar...).

      • Muy bueno el artículo, me a llevado a una linda reflexión. Los comentarios lo enriquecen aun más. Dí con este artículo porque buscaba respuestas a cierta situación que he prescenciado y que a consecuencia se decidió implementar un castigo. Ahora tengo respuestas y han crecido mis argumentos de porque estoy en contra. Men gustó mucho eso educar y no castigar, trascender en lo humano que es lo que nos diferencia de las demás especies, entre otras cosas. Opino y agrego que, para una buena educación, y jugando con esto del poco tiempo que hoy en día tienen los padres para enseñar a sus hijos hay que prestar atención a lo situacional y canalizar los esfuerzos y energías en determinados momentos específicos.

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