Desde que soy madre voy en chándal‏

Desde que soy madre voy en chándal‏
11 comentarios

Uno de los cambios más evidentes que vive una mujer cuando es madre es la limitación del tiempo que puede pasar frente al espejo, pasando de entre varios minutos y varias horas (conozco a más de una que en vez de entrar en el lavabo parece que la ingresan) a escasos minutos o segundos cuando tiene un hijo entre manos (o entre brazos).

Esto hace que muchas mujeres salgan a la calle mucho menos arregladas que antes de ser madres y hace que muchas cambien sus habituales vestidos e incluso tejanos, más o menos apretados, y los zapatos de mayor o menor tacón por un más cómodo chándal y por unas zapatillas de deporte (o quizás no tanto, pero casi).

Para muchas mujeres esto es un proceso lógico temporal que pronto acabará y para muchas otras, pese a que a ojos del entorno pudiera parecer algo así como un “qué descuidada estás, no eres la misma”, es algo así como una evolución a la lógica y la practicidad: “me gusta vestir bien, pero desde que soy madre voy en chandal y lo que antes parecía ropa de andar por casa ahora me parece el atuendo más lógico para el día a día… y sin vergüenza, oye”.

¿Evolución lógica o proceso temporal?

Como digo algunas mujeres ven este cambio como una evolución lógica y a partir del momento de ser madre empiezan a vestir algo diferente, incluso cuando van arregladas, quizás porque la vida en general les hace ser más prácticas. Otras en cambio buscan la comodidad sólo porque es como mejor se sienten al cuidado de su bebé, pero enseguida que pueden vuelven a vestir del modo en que mejor se sienten (no hablo de comodidad, sino de sentirse a gusto con la imagen que proyectas).

Yo no soy madre, lógicamente, pero sí noto que mi armario ha cambiado un poco desde que tengo hijos. He vuelto a comprar ropa más cómoda (como llevaba en mi adolescencia) y menos “apretada”, que estiliza un poco más mi pequeña figura pero me acaba agobiando. No sé si este cambio es debido a que he sido padre o se trata de un salto que habría dado igualmente, aunque me siento bastante identificado con mi mujer que, de lunes a viernes viste así, con chándal.

Por suerte existe la ropa “sport”

Antes de acabar quiero matizar que hay ropa y ropa. Se puede ir con ropa deportiva más o menos “elegante”, pues por ejemplo existen los pantalones de deporte sin goma en el tobillo, que a pesar de considerarse “de chándal”, quedan más elegantes que los de la típica gomita tobillera (más aún si son negros en vez de gris-clarito-casi-pijama).

No es que unas madres vayan mejor que otras, sino que este tipo de ropa deportiva se aproxima un poco a la ropa “sport” y, de hecho, muchas mujeres no llegan al chándal sino que se quedan ahí, en la ropa sport, tan cómoda como la ropa deportiva pero que “viste” más.

¿Y vosotras?

¿Y vosotras? ¿Os veis reconocidas en esto que comento? ¿Habéis antepuesto la comodidad y la practicidad a la imagen y la sensualidad?

Foto | Ed Yourdon
En Bebés y más | Ropa de lactancia cómoda para amamantar

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Comentarios cerrados
    • interesante

      Pues yo uso mucho el chandal, y las zapatillas. No hay nada más incómodo que bajar al parque con los niños y llenarte los pies de arena. Tener que descalzar a tus hijos antes de subir a casa para que tu casa no parezca la continuación del parque, tiene un pase, pero tenerte que sacar tú de tus pies toda la arena, eso ya es otra cosa... Y correr detrás de los niños, y jugar con ellos a la pelota, y tirarte con ellos en la arena con el cubito y la pala... Cada cosa tiene su momento, desde luego. Si yo salgo a comer a un restaurante con mis niños claro que me arreglo (quizás no tanto como antes), pero si voy a bajar al parque o a pasar el día al campo, desde luego que me pongo mi chandal y mis zapatillas.... Y no por eso dejo de ser ni más mujer, ni más femenina.

    • interesante

      Buf, mi estética se ha dado la vuelta completamente. Antes de ser mamá, aunque no solía usar tacones sí llevaba ropa más bien "nocturna", como camisetas sin espalda, de escotes raros, asimétricas, ajustadas, con bermudas y botas de hebillas o pitillos pantalones caídos. Un mix más de noche que de día, aunque por el día también vestía así, peculiar. He salvado cosas, pero pocas. Todos mis vestidos y camisetas sin espalda, camisetas con escote palabra de honor, ajustadas -tenía la tripa plana como el encefalograma de un difunto-, de un solo tirante, con brillos, transparencias y demás excesos estéticos han pasado a la vida eterna, no envejecen, están ahí, impertérritas, ocupando espacio porque no soy capaz de tirarlas, aunque sé que lo pasado, pasado está -o podríamos decir, lo usado, usado está-.

      Ahora visto más convencional, pero de chandal jamás, con zapatillas deportivas casi siempre, tacones pequeños, bermudas, vaqueros y faldas también pero con leggins. Los primeros meses me sentía fatal, horrible, sin encontrar norte estético. Pero enseguida he adaptado mi estilo a la nueva situación y busco la comodidad pero no me da la gana de renunciar al estilo propio. Me levanto cada mañana media hora antes solo para desayunar y maquillarme tranquila. Lo necesito.

      Lo que sí me ha sucedido gracias a mi hijo es que ahora soy muchísimo menos consumista, compro poca ropa, no voy a decir que nada, pero ni comparación con mi vida sin hijo. Me he desenganchado del mundo escaparatil y aunque ahora vivo en un barrio menos fashion -he vivido durante 4 años en Malasaña, en Madrid-, eso me ha servido para priorizar en otros aspectos, por supuesto prefiero comprarle a él que a mí y ni eso, puesto que heredo mucha ropa de grandes amigos con niños mayores, afortunadamente.

      En definitiva, me siento cómoda con la yo que soy ahora, estéticamente hablando, aunque sí he tenido días "adefesio" como supongo todas las madres, cansadas y ojerosas y que sacamos tiempo para todo salvo para nosotras mismas.

    • interesante

      Los primeros meses sobretodo priorizaba la ropa fácil, cómoda y rápida de poner, pero sobre todo, que facilitara la "sacada de teta". Cuando mejoré la técnica, vi que casi todo era apto para lactancia.

      El maquillaje lo casi borré de mi dia a dia por el tema de olores y interferencias. Cuando empecé a usar bien los portabebés, tenía tiempo de sobras para maquillarme con mi peque encima y sin problemas.

      Los zapatos de tacón los olivdé durante el embarazo y es una costumbre que he consolidado. Viva la comodidad no reñida con la elegancia.

      Los tejanos son cómodos y quedan bien con todo, hay muchos tipos de pantalones que sin ser chandal son igual de prácticos.

      Creo que lo que más me condiciona es la ropa que se ensucia con facilidad, porque un bebé grande que tanto esta tocando tierra como dándote abrazos...

    • interesante

      Para empezar diré una cosa, no a los chandals, abajo con ellos, y no me sirve la excusa de "no tengo tiempo de arreglarme" "son cómodos" "es lo que tenía a mano"un chandal no merece tener lugar en el armario de nadie. Fin de esta declaración de principios (a todo esto, estudié estilismo y moda, de ahí mi aversión a cualquier prenda deportiva que se use fuera de su ámbito)

      A ver, si que es cierto, sobre todo cuando llega un bebé que es complicado arreglarse, de echo casi resulta complicado llegar a vestirse de cualquier manera, es más, diría que hasta llega a ser complicado ducharse y adecentarse un poco.

      Yo no he cambiado demasiado mi manera de vestir o arreglarme puesto que antes de ser mamá no es que fuese vestida de 21 botones, tacones( nunca hemos sido amigos) ni ropa elegante o sexy pero si que intento cada mañana verme bien a mi estilo, a pesar que la noche anterior haya sido mala y tenga la cara del prota de El resplandor cuando ya se ha vuelto loco.

      Yo creo que no está demás dedicarse 10 minutos a una misma ( 10 minutos, lo digo como si fuese un gran dispendio de tiempo), mirarse en el espejo y verse bien, no entiendo porque coqueteria y maternidad no pueden ser compañeras, sobre todo ahora que llega el veranito, te pones un vestido, unas sandalias y vas la mar de mona sin ningún artificio y de la manera más sencilla, como se dice "Arreglá pero informal" eso sí, sin el chandal y los tacones

    • interesante

      Uff pues yo tengo días de todo tipo, y es que depende un poco de mi actividad diaria si elijo algo más sport o mas formal, aunque nunca llevo chandal como tal, pero sí ropa cómoda si por ejemplo me toca trabajar en casa y luego parque y compra. Si trabajo fuera me arreglo más, me maquillo, cuido mi imagen.

      Cuando salgo por ahí, sin niños, procuro volver a mi estilo y ponerme precisamente lo que no puedo en el día a día, y seguir siendo fiel a mi estilo. Me encanta ponerme un vestido ajusado, un escote sugerente etc y no los cambio por muy madre que sea.

      En lo qu sí se nota mi triple maternidad es en mi peinado, antes siempre llevaba cortes y colores muy Vanguardistas y ahora no puedo porque sencillamente no puedo mantenerlos con dignidad, por falta de tiempo. Pero como tú dices, Armando, soy consciente de que es algo pasajero, y volveré a mi estilo personal en cuanto la pequeña deje su tetadependencia y me pueda permitir ir a la peluquería de vez en cuando.

    • Pues yo no he cambiado demasiado mi estilo, puesto que antes tb iba mona pero cómoda. Los tacones ya los dejé en la juventud (joé, que cansan mucho!) y soy más de vaqueros, camisetas, americana y zapato plano aunque mono. Amos, como antes del barrigón.

      El chandal lo uso en casa, sobre todo en invierno. Y qué gusto da quitarse la ropa del día a día y ponerse algo así, uff! Lo mismo que las fieles zapatillas... aunque apenas salgo con él porque lo mismo me da el chandal que los vaqueros para comprar el pan, y elijo los vaqueros.

      Eso sí. Tengo el bonito recuerdo de pedirle a mi marido que me trajese el chandal de casa para ponermelo al salir del hospital. No pensé que los pantalones de embarazada se me iban a caer. Y ponerme algo de antes del embarazo me hizo hasta ilusión.

    • Pues yo no soy mujer ni gano kilos con el embarazo, claro, pero por lo que veo soy el único que no ve igual de cómodos los tejanos que un pantalón de chándal.

      Mi mujer se pone a veces unos tejanos apretaditos que no entiendo cómo no le molestan (ella me jura y perjura que va cómoda), pero yo cuando me he comprado algunos así un poco "arrapaos", casi me ha faltado hasta el aire... y mira que veo tíos con pantalones así, pero me cuesta tanto... supongo que será falta de costumbre o manía simplemente. Siempre he llevado pantalones más bien anchos, así que ahora sufro las consecuencias.

    • para mi el primer mes el chandal fue mi mejor amigo, luego los vaqueros y así seguimos, y mi ropa de antes....para cuando pierda los 20 kilos que tengo que perder. Temo mi reincorporación al trabajo,dado que solo tengo cuatro trapos que me queden bien, me voy a poner más vista que el tebeo.

    • Yo sacrifico horas de sueño para maquillarme, que para mi es una necesidad porque no puedo salir de casa sin pintar. En cuanto a la ropa, ha seguido la evolución lógica de la edad y de los kilillos que no se han ido, tacones de vez en cuando, escotes, faldas y vestidos, me da lo mismo, pero para mi es importante sentirme bien al mirarme al espejo. El chandal lo dejo para hacer deporte y nada mas, que unos vaqueros son igual de comodos y no cuesta nada ponerselos.

    • A mí el chándal no me ha gustado nunca, pero sí que he dejado los tacones que antes siempre llevaba (tengo un montón de zapatos nuevecitos y monísimos en el armario que ahora no me pongo, pero que me resisto a abandonar, algún día, quizás). Voy casi siempre en vaqueros o similares, zapatillas o bailarinas, camisetas y ya está. Antes también iba casi siempre de "sport" porque mi trabajo tampoco requiere una vestimenta determinada (no me ve nadie, jeje), pero no me veo detras de los dos enenos con los tacones de antaño. Ah, y también me da un alegrón cada vez que me meto en un pantalón de los de antes del primer embarazo...(hoy me he puesto uno de ésos y mi marido me ha dicho: "¡Guau, qué bien te quedan! y me he ido a trabajar más chula que un ocho). Y la ropa que antes me ponía para salir.... como ya no salgo (ni quiero), pues ahí está esperándome.

    • Desde que soy madre, admito que suelo ir hecha un zarrio la mayoría de las veces. Nunca he sido especialmente arreglada, pero ahora soy como el árbol de Navidad, a medida que pasa el tiempo he ido quitando adornos: fuera maquillaje porque es incómodo para achuchar a mis niños, fuera pulseras, collares y demás joyas porque pueden engancharse a su ropa y hacerse daño si tiran de ellas, fuera prendas escotadas porque cuesta bajarlas para sacar la teta, fuera vaqueros apretados porque con los 20 kilos que he cogido tras el último embarazo, simplemente no me caben. Confieso que tiro de chandal más de lo que me gustaría, aunque ahora con el buen tiempo, las prendas de mercadillo suelen ser una buena alternativa: cómodas, baratas, coloridas y dan mucha talla.

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