¿Dejarles que se estrellen o permitir que lo intenten?

¿Dejarles que se estrellen o permitir que lo intenten?
4 comentarios

Este es un tema que ha salido a menudo en conversaciones con compañeras de trabajo, amigos, conocidos, etc.
También lo he vivido en mis carnes como hijo y probablemente lo viviré como padre.

Por la naturaleza exploradora de los niños, por las capacidades de invención, por la ilusión de aprender y de iniciar nuevos proyectos llegan a veces momentos en que ves, como padre, que tus hijos van directos al fracaso.

“Se va a estrellar fijo” piensas y mientras tanto recuerdas el día que tú quisiste hacer lo mismo y que te estrellaste también o el día en que estabas decidida a intentarlo y te dijeron “te he dicho que no, lo hacemos por tu bien, un día lo entenderás” sintiéndote totalmente frustrada y enfadada.

Y aquí está el quid de la cuestión. ¿Intervenir o no? ¿Dejar que lo intenten o negarles esa posibilidad a sabiendas que saldrá mal?

La última vez que mantuvimos este debate, sin hacer estadísticas, había más o menos un triple empate entre el “yo le dejaría que lo intentara”, “yo evitaría que lo intentara” y el “no sabe / no contesta”.

Bien, sé que es una decisión difícil y sé que sobretodo hay que ver el carácter y la personalidad del niño en cuestión, pero me veo capaz (valiente que soy) de realizar una generalización o como mucho de decir qué pienso del tema.

“Quien no arriesga no gana” o “Al que teme la muerte la miel le sabe a hiel” son dos proverbios que resumen mi opinión al respecto.

Yo sé quién soy yo (o eso creo) y sé dónde puedo arriesgarme y dónde no, sé dónde siento miedo y dónde me siento seguro y sé hasta dónde quiero llegar y dónde prefiero parar, pero yo no soy mi hijo, yo no sé hasta dónde quiere llegar, ni dónde está su nivel de seguridad o hasta dónde se atreve a la hora de emprender nuevos proyectos o aventuras.

Con esto quiero decir que yo pude vivir una mala experiencia con algo que quise intentar y no conseguí, y que mi hijo quizá lo consiga.

Quiero decir que puede que se dé el mismo batacazo que me llevé yo, y quizá él tenga la capacidad de volverse a levantar e intentarlo de nuevo ahí donde yo tiré la toalla.

Quizás yo viví una mala experiencia que no quisiera jamás volver a repetir y ante un revés igual, mi hijo sea capaz de extraer diferentes conclusiones o transformar una mala experiencia en un aprendizaje positivo.

Los niños, como personas que son, tienen una vida que vivir y unas decisiones que tomar. Si nosotros las tomamos por ellos, jamás serán autónomos, jamás habrán aprendido a escoger.

No quiero decir con esto que los niños tienen que hacer lo que les de la gana en cualquier circunstancia. En toda casa hay unas normas establecidas y unos valores que deben ser respetados, pero los padres podemos tener la manga un poco ancha en cuanto a las elecciones de la vida porque de esta manera crecerán a partir de la responsabilidad sobre sus actos y no a partir de las limitaciones que les impongamos.

En otras palabras, creo que vale más que ellos vayan un paso por delante si así lo han decidido para que yerren y aprendan de sus errores que no que caminen un paso detrás nuestro y seamos nosotros los que marquemos su destino.

En Bebés y más | Los niños son el futuro pero también el presente

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Comentarios cerrados
    • Creo que es algo que no se puede asegurar, se puede pensar en como uno desea actuar, pero los momentos son los que guian. Y todo dependerá de a que situación se enfrenten.

      no es lo mismo, dejarles correr por un terreño lleno de piedras que dejarles en un terreno de cristales y pinchos puntiagudos.

      Yo opto por acompañar a mis hijos en su camino, primero cargando con ellos, despues de la mano, luego viendo como se sueltan de vez en cuando,van y vienen pero se que llegará el dia en que ellos corran y yo no pueda seguir su ritmo, entonces tendre que conformarme con mirarles en la distancia y estar si en algunos de sus tropiezos, necesitan de me ayuda para alzarse.

      Pero son personas diferentes y han de vivir sus propias experiencias y estoy segura que podran hacer infinidad de cosas que ni remotamente yo puedo pensar.

    • El post es muy interesante Armando, da mucho que pensar y asusta un poco tambien, yo por mi propia experiencia les diria a mis hijos que en lo que ellos decidan yo les apoyare siempre y que si me necesitan estare, en momentos muy importantes en mi vida fue la respuesta de mi padre y la llevo en el corazon, pero entiendo ahora como madre que es dificil y que cuando llegue el momento me costara mucho.

      Megg gracias por tu comentario tambien, voy a apuntarmelo que no quiero que se me olvide el dia que lo necesite.

    • Nadie nos dijo que fuera fácil, es más, probablemente sí nos dijeron que sería difícil: "cuando seas padre como yo, lo entenderás"...

      Y sí, lo entiendo, pero habría preferido frases como la que tu padre te decía vogel.

      Evidentemente, como dice megg solo nosotros conocemos a nuestros hijos y solo nosotros sabemos cual es su personalidad (si somos padres inquietos que intentamos ver más allá de sus actos, claro...).

      Es difícil decir lo que haré dentro de tres años, pues no conozco al Jon de 6 años, sino que conozco al que tiene casi 3. En aquel momento veré cuales son sus interrogantes y veré cuales son los míos, probablemente yo también habré cambiado.

      Pero si algo tengo claro es que, como dice megg, prefiero darles la libertad que ellos pidan dejándoles a ellos soltar mi mano, que no impedir que la suelten.

    • Pues no lo sé.

      La teoría nos la sabemos todos muy bien (yo haría tal o haría cual) pero cuando llega la ocasión...

      Por eso creo que es más importante hablar en pasado (yo he hecho esto, o yo no he hecho esto).

      Además existe otra actitud que es el "vuélvelo a intentar". Cuando el padre/madre hay algo que quiere y el hijo es el que ha decidido desistir.

      Lo que sí te das cuenta es que es un ejercicio desde muy pequeños. Evitar ayudarles para que lo hagan por sí solos o saber abandonar cuando a ellos no les interesa.

      Hablo por ejemplo del juego de meter las anillas en un palo. Con mi hijo no se me ocurrió otra cosa que comentar que se supone que a los 6 meses ya podrían jugar a meterlas. (Lo comenté sin intención, sin valorar que la recomendación era adecuada o no). Bueno pues el familiar que lo oyó no tuvo otro objetivo que conseguir que mi niño acertara a meter las anillas. Cuando yo habría preferido dejar que experimentara él. Igual no le parecía interesante meter la anilla... igual le encuentra otro uso...

      Por eso digo... que desde pequeñitos ya empieza el acoso a los pobres...

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